Actualidad

Sección de síntesis informativa de lo que acontece en los tribunales del mundo, así como los asuntos más relevantes de la Corte mexicana y las novedades editoriales en derecho.

Reseña

Moyn, Samuel, Not Enough: Human Rights in an Unequal World, 2018, Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press
Sofía Treviño

 

Si en Last Utopia el historiador y profesor de la escuela de derecho de la Universidad de Yale se propuso quitarle un poco el romance a la historia de los derechos humanos, en Not Enough, Moyn arremete contra lo insuficiente que han resultado el ideal y el movimiento de derechos humanos para atender la desigualdad estructural, tanto a nivel nacional como internacional.

En un contexto en el que la polarización parece ser materia de discusión internacional y crece la preocupación de que la desigualdad contribuye significativamente a los ambientes de tensión política y social, Moyn presenta un argumento para repensar el papel (o falta de) que tienen los derechos humanos en la tarea de acabar con la desigualdad económica y social. El autor parte de la diferencia entre dos imperativos de justicia distributiva: la suficiencia y la igualdad. Alega que una falla central del movimiento de los derechos humanos ha sido centrar su ataque en conseguir que todos tengan lo mínimo sin preocuparse por una demanda más profunda de igualdad. Para Moyn, en el discurso que impera en la consciencia universal sobre justicia, atender exclusivamente a que las personas tengan “lo suficiente” simplemente no es suficiente.

En los primeros capítulos el autor se propone demostrar que el discurso de los derechos no tiene ningún compromiso propio con la igualdad material a partir del relato detallado de la historia de los derechos sociales. El autor presenta su argumento por medio del contraste de diferentes momentos históricos. Destaca que en los ideales de justicia institucionalizados durante el periodo jacobino en Francia o durante el  desarrollo del Estado de Bienestar, era posible identificar una preocupación real con limitar la desigualdad. Compromiso que se materializó políticamente con el control de la acumulación de la riqueza través la regulación y el control del mercado, impuestos altos y el empoderamiento de la clase trabajadora.

En oposición, el movimiento de los derechos humanos que empieza a consolidarse en 1970 coexistió (pacíficamente) con una nueva economía política de jerarquía: para Moyn importa éticamente cómo los ricos se elevan sobre el resto. Si bien concluye que el movimiento de derechos humanos no favoreció directamente al establecimiento del neoliberalismo y del fundamentalismo de mercado, sí compartió con estos el individualismo moral y permaneció como un observador silencioso ante la explosión de desigualdad. Este espacio no es suficiente para dar una completa descripción que le haga justicia al provocador argumento de Moyn pero nos gustaría destacar algunos puntos.

Moyn concentra su análisis en las instituciones e ideales principales de los derechos humanos a nivel global y con ello, deja a un lado la complejidad de los movimientos sociales, especialmente en contextos nacionales muy distintos, en donde el lenguaje de los derechos humanos ha tenido impulsos de transformación más ambiciosos. Además, aunque busca presentar un argumento aplicable en todas las latitudes —es posible encontrar un par de menciones a la constitución mexicana de 1917— es  notorio su sesgo norteamericano cuando identifica, por ejemplo, como un problema central el miedo a la intervención estatal.

Pero ¿qué aporta el libro al debate sobre el papel de los derechos humanos como ideales de justicia? En primer lugar, da luz al nexo entre los derechos humanos y la desigualdad,  que en su opinión debe ir más allá de la misión global de acabar con la pobreza. Empuja a los defensores de derechos humanos a preguntarse si existe esa conexión o a pensar cómo debería establecerse. Al mostrar las deficiencias, por ejemplo, en la judicialización de los derechos sociales y la doctrina del minimun core, Moyn impulsa a reconceptualizar la manera en la que los derechos humanos se acercan a la justicia material. En nuestro contexto, no es posible ignorar que poner la atención en la judicatura raramente ha ayudado a los más pobres, en tanto en principio es necesario tener recursos para acceder a los jueces.

Además, la historia de Moyn posiciona las demandas de protección de los derechos humanos dentro de un tipo de economía política, esto es, obliga a ver la relación de los derechos con el mercado. En el pasado el movimiento de los derechos humanos puso sus esfuerzos en terminar con la desigualdad derivada del estatus de las personas por cuestiones de género o raza; en un segundo momento la atención debe ponerse también en la desigualdad material. Después de todo, dada la economía globalizada parece que el derecho de los derechos humanos, a nivel nacional y especialmente a nivel internacional, es la mejor herramienta que tenemos hoy para crear una mejor relación entre la política y el mercado en una era de desigualdad radical.

Finalmente, el autor lanza una advertencia: ante la ausencia de una presión igualitaria, la ira populista puede explotar en contextos de desigualdad y jerarquía social, así como incentivar, en un mundo desigual, los movimientos migratorios masivos. En este sentido, debe prestarse especial atención en dejar a un lado la perspectiva individualista de los derechos y, por ejemplo, fortalecer los derechos laborales que funcionan como mecanismos colectivos de empoderamiento.

Link: http://www.hup.harvard.edu/catalog.php?isbn=9780674737563

La semana en el derecho constitucional 

Redes sociales y libertad de expresión
Alejandra Martínez Verástegui

Internet ha transformado radicalmente la forma en la que nos informamos y nos comunicamos. Las redes sociales son una de las herramientas que Internet ha puesto a nuestra disposición para acceder y difundir información fácil y rápidamente. Actualmente, muchos funcionarios públicos de distintas partes del mundo utilizan estas plataformas para dar a conocer sus opiniones y sus decisiones, lo que ha supuesto retos importantes a los que el derecho ha tenido que hacer frente.

Twitter se ha convertido en un protagonista trascendente en la administración de Donald Trump. El presidente de los Estados Unidos despide a ministros, amenaza a países con movilizar a sus tropas y comunica decisiones trascendentes a través de esta red social. El republicano, que supera los 60 millones de seguidores, suele bloquear a sus críticos Aunque la Suprema Corte no se ha pronunciado sobre el tema, sí lo ha hecho la justicia federal. Un tribunal federal de apelaciones con sede en Nueva York resolvió que estos bloqueos del presidente violan la libertad de expresión protegida por la Primera Enmienda.

Previo a este pronunciamiento, el tribunal federal del Distrito Sur de Nueva York decidió que bloquear a una persona con base en sus opiniones políticas supone una forma de discriminación y el Segundo Tribunal de Apelaciones del Circuito en Manhattan interpretó que la Constitución no permite que un funcionario público que utiliza una cuenta de redes sociales para propósitos oficiales excluya a las personas de un diálogo porque expresan opiniones contrarias a las del funcionario.

En el mismo sentido, la Suprema Corte de Justicia de la Nación se pronunció recientemente sobre un caso en el que el Fiscal General de Veracruz bloqueó en twitter un periodista, después de que éste publicó información sobre fosas clandestinas en Veracruz. En este asunto, la Corte reconoció que las redes sociales se han convertido en espacios de discusión pública cuando los funcionarios las utilizan para compartir información sobre su gestión gubernamental. En estos casos, los servidores públicos no pueden bloquear o negar el acceso a sus redes sociales, sin causa justificada, porque esto atenta contra los derechos de libertad de expresión y de acceso a la información de la ciudadanía.

A través de estas interpretaciones, los jueces de distintos países están dejando claro que los derechos de expresión e información deben protegerse en los espacios digitales, ya que esto es fundamental para el debate de asuntos de interés público en una democracia.